Marcela Gómez Toro
UN ÁLGIDO DEBATE POR UN PORVENIR
DIGITAL
Como lo afirmó Marshall McLuhan, todo nuevo medio trata,
en primera instancia, de integrar a los medios precedentes y referirse a ellos. En el caso
de la Internet esto resulta muy claro, pues tanto la prensa como la radio y la televisión
van integrándose a la Red y abriendo sus respectivos espacios digitales. El éxito que ha
logrado desplegar Internet, no sólo como un interesante fenómeno comunicacional, sino
también como un nuevo medio de producción, radica en su carácter abierto y
descentralizado, así como en el alto grado de autonomía que cada red integrada en la Red
global mantiene para su propio funcionamiento. Las cifras de millones de usuarios en todo
el mundo crecen aceleradamente mes tras mes, como testimonio de la aparición de las
llamadas "cibersociedades".
Por ser la Internet una red multidireccional,
descentralizada e interactiva, lo cual resulta poco frecuente en los medios de
comunicación anteriores, es preciso reflexionar con mayor detalle sobre su estructura y
el espacio social que genera, para pasar a comentar el impacto que ha suscitado en el
ámbito del periodismo electrónico.
La aparición del World Wide Web (tela de araña mundial),
ha sido decisiva para la expansión y la difusión de la Internet en el mundo entero. La
arquitectura del WWW se basa en el hipertexto. Como el periodismo electrónico debe
adaptarse a esta singular arquitectura para desarrollarse y proyectarse en otros niveles,
es necesario que tenga presentes las nociones básicas que explican esta tecnología
multilineal.
De acuerdo con la definición popular, cuando se habla de
hipertexto se hace referencia a una serie de bloques de texto conectados entre sí por
nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario. Con la aparición de los
ordenadores multimedia, esos nexos no sólo tienen lugar entre palabras, sino también
entre sonidos, imágenes y datos. De esta manera no es necesario seguir el orden de las
páginas de un libro o de las hojas de un periódico, el hipertexto proporciona múltiples
hilos para manipular la información de acuerdo a los intereses concretos de cada usuario.
Esto ha generado múltiples consecuencias en el caso del
periodismo electrónico, como una considerable recuperación de la opinión pública y un
apoyo fundamental para cierto tipo de teleconsultas previas como las que realizan los
turistas en el momento de seleccionar un determinado destino. La novedad principal
planteada por el periodismo electrónico en este universo digital, se deriva de la
interactividad ya mencionada. En la actualidad, secciones como las Cartas de los lectores,
los anuncios por palabras o las tribunas de opinión, se ven fuertemente reforzadas.
Así como las tertulias y los clubes fueron en su época
un ámbito fundamental para la formación de la opinión pública, internet está
demostrando que a través de sus inmensas posibilidades tecnológicas y espaciales, la
opinión vuelve a ser foco de interés. Sin embargo, existe una reacción paralela a la
aceptación de estas nuevas experiencias periodísticas digitales: la insatisfacción
pronunciada por miles de internautas que se niegan a creer en nombres desconocidos,
palabras enmascaradas y medios alternativos.
Los seres humanos, en busca de sus intereses personales
están reduciendo cada vez más su contacto con situaciones y personas desconocidas que
puedan, de alguna manera, afectar su condición individualista. Por ejemplo, en Estados
Unidos, aumenta el número de familias que conectan en sus hogares sistemas de
identificación de llamadas, que les permita eliminar los mensajes o números telefónicos
indeseados y contestar sólo aquellos que son de su total confianza. Internet es, en esta
instancia, la gran red de nombres sin rostro y voces clandestinas. Un verdadero laberinto
digital donde nos arriesgamos a toparnos con toda clase de pensamientos, opiniones,
sentimientos y propuestas, sin la posibilidad de conocer o confirmar el origen y
procedencia de estos datos.
En el caso del periodismo electrónico, las personas optan
por seguirle el rastro a las ediciones digitales de los periódicos conocidos previamente,
es decir, sólo aquellos que han circulado por vía impresa. Mientras que los diarios
gestados dentro del territorio digital inspiran la desconfianza del anonimato, el riesgo
de lo que no está legalmente constituido. Resulta más cómodo para los internautas,
mientras se adoptan nuevas posturas frente a este específico espacio social, mantener su
credibilidad ante los medios preferidos, en lugar de indagar en confusas redes
informáticas.
Otro motivo de este comportamiento generalizado es que
día a día los internautas toman más conciencia de los oscuros rincones de la red, y por
ende, de su papel crítico ante la fascinante tarea de navegar y de seleccionar la
información. Al no existir alguna forma de respaldo ante la información generada por
diversos medios electrónicos, la posición ideal es ignorarlos o esperar que sean
recomendados por alguna persona de confianza. Si actualmente se observa el triste
fenómeno de la falta de credibilidad en muchos de los medios de comunicación
tradicionales, con mayor razón se hace comprensible el absoluto rechazo frente a los
contenidos informáticos de nuevos medios digitales. Es necesario que el periodismo
replantee su labor social y su manera de legitimarla ante las grandes masas.
Un gran debate se agita en todo el mundo a raíz de esta
situación. El problema radica en cómo ofrecerle al usuario de la Internet herramientas
confiables a la hora de lanzarse a navegar por los apasionantes rumbos de la red. Nadie
responde por nada, todos quieren participar sin salir perjudicados, burlados o
negativamente influenciados. Las ventajas son a la vez amenazas, lo absurdo llega a
convertirse en indispensable... navegar es un obsesión incontrolable.
¿VER PARA CREER O NAUFRAGAR SIN
REMEDIO?
Una reciente encuesta realizada por un periódico digital
norteamericano, señala que el porcentaje de credibilidad en el periodismo electrónico ha
disminuido considerablemente en los últimos tres meses. Esto debido a la gran cantidad de
información falsa que anda circulando por la red y atrofiando su modo de operar. Los
internautas están recibiendo mensajes donde se les previene acerca de estos infortunados
manejos digitales que algunos ociosos ejercen dentro del sistema. Al no existir forma
alguna para comprobar la veracidad de los contenidos registrados por los diferentes
periódicos digitales, los usuarios prefieren evitar acercarse a estas páginas o lo hacen
sólo para curiosear sin otorgarles la importancia suficiente.
En España, un país líder en temas ciberespaciales, se
ha defendido mucho el terreno del periodismo digital y los alcances que este oficio, en el
ámbito virtual, puede obtener mientras se cree una verdadera cibercultura, encaminada a
generar nuevos mecanismos de adaptación al nuevo espacio social establecido por la
internet. Varios expertos y filósofos españoles consideran que sólo estamos
aproximándonos a un verdadero reordenamiento mundial dirigido por la globalización
internáutica. El periodismo electrónico irá encontrando en la propia red de redes su
fuente de noticias. Aunque inicialmente se ha limitado a reproducir en la red sus
contenidos habituales, diseñados para otro medio y para otro espacio social, en la medida
en que ha ido aumentando el número de cibernautas, los contenidos y formatos se están
modificando hacia una concepción informática diferente.
El desconocimiento genera siempre vacíos e inexactitud en
el manejo de determinados asuntos. Para que el periodismo electrónico encuentre un
espacio propicio para la proyección de un nuevo estilo informativo, debe dimensionar las
fortalezas y debilidades que la Internet le propicia. Además, debe esperar pacientemente
el período de adaptación que deben realizar los usuarios interesados en vincularse a una
verdadera cultura virtual, lejos de la incertidumbre de sus oscuros confines.
Es necesario que los periodistas virtuales se ganen la
credibilidad de los cibernautas a través de un trabajo ejercido desde la responsabilidad
y la confrontación de datos. El periodismo debe afianzar sus pilares y defender sus
principios.
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